

by Mario Olivera
El cómic de superhéroes atraviesa desde hace años una curiosa paradoja. Su presencia en la cultura popular es mayor que nunca, pero el lenguaje que lo hizo reconocible parece, en ocasiones, necesitar una justificación constante. Frente a esa tendencia, Global Rangers: Ground Zero de Mariano de la Torre adopta una posición mucho más directa, reivindicando la aventura superheroica en toda su dimensión espectacular y lo hace, además, desde el cómic español.
La premisa es deliberadamente ambiciosa. Una serie de acontecimientos extraordinarios altera el equilibrio del planeta haciendo que criaturas de naturaleza monstruosa aparezcan en diferentes lugares del mundo mientras que una misteriosa Fractura parece abrir la puerta a realidades ajenas a la nuestra. Paralelamente, varios individuos desarrollan capacidades sobrehumanas y una inteligencia artificial adquiere una autonomía que introduce una segunda amenaza, menos visible pero potencialmente mucho más difícil de contener. En ese escenario entra en juego Alex LeClercq, científico y multimillonario que ha desarrollado SkyGuard, una infraestructura tecnológica concebida para vigilar y proteger el planeta. El tablero está dispuesto; falta reunir las piezas.
Ahí reside una de las principales virtudes del álbum. Ground Zero entiende que formar un supergrupo puede resultar tan interesante como contemplarlo ya constituido. Grey Hawk, Black Stone, Oceanus, Green Ghost, Silver Bullet, Raiden y Microwave no forman inicialmente una fraternidad compacta, sino un conjunto de personalidades y habilidades diferentes que deben encontrar un objetivo compartido. De la Torre aprovecha esa circunstancia para introducir progresivamente a sus protagonistas y hacer que el nacimiento de los Global Rangers sea también parte de la propia aventura.
Como guionista y dibujante, el autor asume una tarea considerable: levantar desde cero un universo, establecer sus reglas, presentar un reparto numeroso y conducir una historia de alcance planetario sin perder de vista al lector. Su experiencia profesional juega a favor de esta empresa. El de Santa Coloma de Gramenet lleva décadas ligado a la historieta y a la formación de nuevos dibujantes, y esa trayectoria se traduce aquí en un conocimiento sólido de los mecanismos narrativos del medio. La acción tiene una vocación eminentemente visual y el dibujo busca la claridad necesaria para que poderes, enfrentamientos y escenarios mantengan su atractivo sin convertirse en un confuso catálogo de efectos. También resulta significativa la colaboración con Fran Vázquez en el color, fundamental para dotar al conjunto de una identidad gráfica acorde con las aspiraciones del proyecto.
El resultado remite conscientemente a una tradición de cómic superheroico exuberante, aquella en la que las páginas podían albergar personajes, arquitecturas imposibles, amenazas descomunales y grandes despliegues de energía sin pedir disculpas por su exceso. Esta elección conecta Global Rangers con una tradición española especialmente fértil. Aunque el mercado nacional ha cultivado históricamente géneros muy distintos, varias generaciones de autores han encontrado en el superheroísmo estadounidense un territorio donde desarrollar una personalidad gráfica propia. Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Marcos Martín, Pepe Larraz, Daniel Acuña, Javier Garrón o Carmen Carnero, entre muchos otros, han demostrado que el talento surgido en España puede ocupar un lugar central en las grandes editoriales norteamericanas.
La propuesta de De la Torre posee una diferencia interesante: en lugar de incorporarse a una mitología ajena, construye una propia. Y esa diferencia da sentido a Ground Zero. El álbum no depende de la familiaridad previa del lector con una franquicia ni exige un extenso equipaje de continuidad. Su condición de punto de partida permite recuperar algo que las grandes sagas han hecho cada vez más difícil: la sensación de descubrir un mundo mientras este se está construyendo.
La presencia de la inteligencia artificial aporta, además, una capa contemporánea que evita que la obra quede reducida a un ejercicio nostálgico. La tecnología no aparece únicamente como decorado futurista, sino como uno de los elementos que articulan el conflicto. En ese cruce entre imaginación superheróica y preocupaciones actuales se encuentra probablemente el mayor potencial de la serie.
Global Rangers: Ground Zero funciona, en definitiva, como una declaración de principios. Mariano de la Torre apuesta por un género que conoce, por una narración de vocación popular y por un universo propio que aspira a crecer. No busca desmontar los códigos del superhéroe, sino utilizarlos con convicción. Quizá ahí esté su mejor argumento: en una época saturada de reinicios, reinterpretaciones y universos heredados, todavía puede resultar refrescante que alguien quiera, sencillamente, inventar nuevos héroes y lanzarlos a salvar el mundo.
Y vaya si el resultado final es interesante. Ojalá veamos pronto un nuevo episodio de este maravilloso universo.
